De súbito, acaso fueron
tus ojos en otra cara,
tu cara con otros ojos,
tu cuerpo bajo otra ropa,
tu ropa sobre otro cuerpo.
Algo de vos estaba en ella
pero era ella, enteramente.
La avenida acariciaba
su propio corazón de aluminio
y un fantasma americano
fue artífice celebrado de la crueldad.
Pero entonces, ellos, los otros
lanzaron su llamado
desde otro territorio, con sus bombos
sacramentales.
Alguien agitaba una bandera
en cuyo centro una estrella azul
desafiaba asfixiantes monumentos.
Quiso decir: Vete lejos
de tu pálido recuerdo.
Quiso decir: Tu roja pérdida
te despoja de las ataduras y los arraigos.
Quiso decir: Camina altivo
hacia nosotros, hacia el blanco altar, sé tanto lucha
como epitafio. Pero yo te recordaba
y al darles la espalda ya no pude
dar la cara.
De regreso, me mire las manos con cuidado.
Estaban vacías de amor y de guerra, y lucían líneas
que habían dejado esos dos fuegos.
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
ResponderEliminar