Con las últimas gotas del nescafé
réprobo en las calles que rodean el puente
me doy cuenta, sí, me apercibo,
de que mientras el hogar respira
y yo respiro en él,
no tomamos conciencia de que impera el peligro
y la sagaz inmensidad
en un mundo
que puede condensarse en una ciudad,
que puede embeberse de fluidos
envenenados,
que puede devorar residuos húmedos,
los que nos agobian,
y carcomernos mientras bregamos
por nuestra libertad.
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Exprimí aquel putrido cerebro tuyo para que revolotee hasta acá tu vasta opinión