martes, 10 de abril de 2012

Sin escapatoria

Te levantás de la cama pero las puntadas en la sien te derriban una vez más. No sabes si se trata de algún otro truco de tu subconsciente, pero te hace mal y no lo querés. Te esforzas una y otra vez por dar vuelta la maceta y encontrar algo de autoestima, para no hundirte en la miseria y sentirte aplastado por tus propios conflictos. Querés volverte vos mismo, llegar a la otra orilla tan distante del páramo... más no podes, es inútil pretender que el asunto es irrelevante. Lo único que sabes hacer es agarrar tu peluche y abrazarlo, que es justamente lo que ahora estás haciendo. Y le pedís a gritos y entre lágrimas que termine de una vez, cuando vos mismo sabes que así no funciona, que si no es esto es aquello y el dolor sigue ahí, perdura al igual que tu mala memoria y tus caries, tu pelo pajoso y tu flaqueante determinación. Esta vez no te va a salvar al tele, el asqueroso Facebook y ni siquiera un buen libro, ya que al intentar distraer la mente tras un campo de rosas a éstas le salen espinas que blasfeman y se deforman al tiempo que bailotean conformes tiñendo todo de negro. Y te ven sediento, te atraen para tomarte con sus seductoras garras de cristal con las que te arrojarían al Tártaro una vez más. Y es que nada te distrae cuando lo que te duele sos vos mismo, cuando sentís la rebelión de cada drogada neurona tuya que ahora intenta ahorcarte, dando paso a que tus ojos volteen y se vuelvan rojos, a la vez que vomitas las más incoloras injurias provenientes de la cavidad genital de una prostituta costosa. Abrazás tu peluche una vez más, aspirando su perfume que a la vez es el tuyo, escondiéndote dentro del ropero... ¿Qué esperás encontrar ahí? No será Narnia, pero con mucha suerte y poco oxígeno la oscuridad te va a acunar, mientras tus pulmones negros y gastados van a achicharrarse, para finalmente sucumbir, al igual que el corazón que una vez creíste poseer...

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