Ya no quiero ceder ante la presión de tener que hacer todo bien.
Ya no quiero ceder ante la exigencia que vengo acarreando desde hace varias vueltas del reloj.
Ya no corras más.
Dejame alcanzarte.
Dejame desmembrarte lento, y así, deshacerme en tus restos brillantes y simétricamente perfectos.
Perfecto, perfecta,
Todo en vos es perfecto.
¿Cómo escapaste de los prados incrustados en una esquina de mi cráneo?
¿Cómo puede ser que escribas tan bien?
Dejame abrazarte.
Dejá que seamos junt@s.
Dejame sentirte con brazos y clavículas, con determinación y una extrañeza que no acabaría nunca.
No, basta.
Dejá atrás tu infinita solemnidad.
Puteemos vos y yo a todo el mundo.
Peguemonos.
Caguemonos a puteadas.
Cortemonos.
Vayamos a perdernos.
Terminemos por donde una vez ellos empezaron.
Vomitemos injurias, reclamemos libertad.
Una libertad que nunca nos van a conceder ellos.
Ellos, ¡HIJOS DE PUTA!
Manejan una sociedad de marionetas, esclavos.
Y la pasan bien, si.
Qué bien que la pasan ellos.
Lástima que no sepan, lástima que no se den cuenta...
de que al ataúd no se llevan nada.
Sólo son ellos mismos, su cadáver en descomposición.
(me gustan los zombies, pero justamente a ellos no me les acercaría)
Y vos,
Abandoná tu buena onda. Tu mala onda. Tus rayes, tus cortes.
Abandoná esa imagen de buena persona. De mala persona.
Abandonate.
Abandoname.
Volemos.
Todo en vos es perfecto.
Y te odio por eso.
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Exprimí aquel putrido cerebro tuyo para que revolotee hasta acá tu vasta opinión