viernes, 24 de diciembre de 2010

Mi amiga la lluvia

Hoy voy a escribir algo que se va a desviar totalmente del curso de mis antiguas palabras. Hoy, se lo dedico a una persona que es especial, a su manera...

La lluvia caía incesante tras la ventana de mi cuarto, y yo la observaba, con mi mano pegada al vidrio. Las gotas se estrellaban contra el pavimento con un golpe sordo. Fuera de mi casa, la carretera estaba despoblada, casi desierta. Cada tanto pasaba algún coche o alguna persona corriendo, llegando bajo mi techo para resguardarse de la lluvia. No sé porque lo hacen, si la lluvia es algo tan hermoso. Te ayuda a pensar. Te libera de las contradicciones y los problemas del día a día. O tal vez esa es la manera en la que yo misma me relaciono con la lluvia. Tal vez yo la siento de una manera diferente, singular.
Ella me cuenta de su propia vida. Sus miles de millones de hijos, con su tan corta vida. Viajan de las nubes hasta chocarse con una superficie sólida, y se esparcen por aquella superficie, para desintegrarse más tarde. Me cuenta lo mucho que sufre, pero dice que es mejor así. Ya que de alguna u otra manera sus hijos e hijas siempre vuelven a encontrarse con ella. Al pensar en ella, la lluvia, no me la imagino como una gota de agua reposando sobre una hoja. La imagino como un ser hermoso y abstracto. Aunque claro, ante todo es mi más fiel confidente, mi consuelo. Mi amiga. Por supuesto que yo también le cuento mis cosas. Mis momentos de felicidad, mis problemas. Mis recaídas. Mis tiempos de reflexión y depresión. Ella me entiende, me consuela. Me acompaña. Ella me cuenta sobre él cada tanto. A él yo lo veo como a un simple amigo, aunque no estoy segura pero creo que él no me ve de esa forma. Cuánto desearía que así fuera, que podamos ser grandes amigos. Como siempre, como antes.
Yo le cuento a la lluvia que lo extraño a él, a sus abrazos, a nuestras charlas de amistad. Extraño pasar esos ratos haciendo nada y riendo. Pero ya nada es igual. Lo herí en lo más profundo de la manera más horrible en la que alguien puede ser herido. Sin corresponderlo le causé un dolor muy grande. Y lo sé porque él me lo dijo.
El día que me confesó como lo hice sentir, por todo por lo que lo hice pasar, no tuvo el valor para decirmelo frente a frente. Pero claro, si lo hubiera hecho probablemente yo no hubiera sido capaz de mirarlo a los ojos. Lo lastimé, mucho. Muchisimo. Sin pensarlo, me dejaba llevar por los momentos en los que la cosa se iba de mis manos. Me dejaba llevar por sus palabras, por las palabras de los demás. Me rendía y recibía parte de su amor. A partir de allí afloraban sus esperanzas, cosa que yo no me había esperado. Nunca quise darle esas falsas expectativas, nunca quise que sintiera nada parecido al dolor. Siempre quise lo mejor para él, es más, sigo haciéndolo. Pero la verdad es que no sé como detener sus sentimientos. "No me puedo obligar a amarlo" le digo a la lluvia. "No me puedo obligar a sentir eso que no siento. Aunque, después de todo, aunque yo no me sienta bien, daría TANTO por hacerlo sentir mejor..." No quiero que él me tome como una persona insensible, indiferente a lo que él piensa y siente. Él es muy importante para mí, quizá demasiado. Y lo quiero, mucho lo quiero yo a él. Pero, después de todo, no lo suficiente... Ah, querida, gracias por escucharme. Sé que siempre voy a poder confiar en vos, como vos podés confiar en mí. Serás por siempre mi consuelo, mi guía a través de la depresión y la reflexión, mi confidente...Mi amiga, la lluvia.
La saludo, pues se está yendo, llevándose a sus hijos con ella, abriéndole paso al Sol y llevándose a las nubes consigo. Corro la cortina, pues ella ya no está allí. Subo hacia la terraza, y me detengo en una de las esquinas del edificio. Desde ahí la vista era realmente memorable. No me asusta el estar parada en la terraza de un edificio de cuatro pisos. No le tengo miedo a las alturas. Tomo el teléfono celular que reposa en el bolsillo de mi campera y marco un número con una expresión ausente en el rostro.
- ¿Hola?
- Espero que algún día puedas perdonarme por todo lo que te hice, ya que yo no he podido hacerlo.
Inclino mi cuerpo hacia adelante y doy un paso, como si delante de mí hubiera más piso sobre el cual caminar. Al no hayar una superficie sobre la que permanecer, mi cuerpo cae, lentamente hacia el vacío. Desde el teléfono celular, que flota a mi lado, oigo su voz. No entiendo lo que dice, no puedo coordinar mis sentidos. Lo único que puedo hacer es observar el pavimento acercarse a mi, y esperar el curioso final que tendría lugar unos segundos más tarde, como si fuera una mismísima hija de la lluvia.

-By Gigi

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Exprimí aquel putrido cerebro tuyo para que revolotee hasta acá tu vasta opinión