viernes, 28 de septiembre de 2012

Se suelta. Vuela. No vuela, planea. 
Y revolotea entre pétalos de cáscara de naranja. 
Pero ya no planea, cae. Cae como la noche tras el día abrumante. Cae como una gota salada de un párpado cae. Cae, como si de la tinta en una pluma se tratase. ¡Y cae! Cae hoy, caerá mañana. Pero ayer no estaba cayendo. Ayer planeaba. Y antes volaba. Pero ya no. Ahora cae, cae infinitamente, cae desde siempre y por primera vez. 
Cae en silencio y sangrando copiosamente, mientras calla y grita y se nubla su poesía.
 Cae mientras pierde y recuerda a su musa. Cae y entre tanto recita la prosa que una vez lo hizo suspirar. Cae y se supera, una y otra vez se supera. Cae y se recuerda, y se emociona. Cae y quiere escribir, quiere volver hacia su musa, hacia los rieles desgastados. Cae y no puede. Cae y no posee pergamino alguno. 
Y ahora, mientras cae, se digna a dibujar grullas en la oscuridad. 
Y mientras siga cayendo, las sabrá pintar. Cae, cae. Cae en posición fetal. Cae, cae, cae. Cae y ya no dibuja. Cae y ya no sangra. Cae y no planea, no vuela. Cae y se vuelve absurdo. Cae y se vuelve ameno, ameba. Tan sólo quiere caer con alguien. Tan sólo quiere caer sintiendo  Pero cae, y siempre seguirá cayendo tan lleno de nada como sus sonetos vacíos.

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Exprimí aquel putrido cerebro tuyo para que revolotee hasta acá tu vasta opinión