jueves, 25 de octubre de 2012

Cascada de catarsis incontrolable

¿Lo mejor o lo peor?
Corriste en cascada sorteando nuestras arterias entrelazadas. Te arranqué una vena y pude saborearla antes de volver a ser guiada por esa maldad que tan profundo se esconde. Pero ¿dónde está tu corazón? Ya me cansé de dar vueltas en una espiral de recuerdos inconclusos y de que te escondas tras una cortina de nimiedades de otros tiempos. O quizás me vea sepia y lo que la realidad refleja es un renacimiento espiritual que tanto parece necesitar una de esas almas manchadas.
 Compré un pasaje de ida pero sin vuelta, con altas probabilidades de un infarto causado por picos de [montañas nevadas] presión alta. Siendo tan profundo el agujero donde yacen inertes por momentos los síncopes, cíclopes y viudas negras de la pasión resultante de odio acumulado, será que el mañana nunca va a llegar y quedarás atrapado entre el vos que eras ayer y el que hoy crees ser. Quizás también ese sea el momento de retractarse, de colgarnos del cuello todos esos sueños y miradas que siempre quisimos congelar, guardar en la heladera para reproducirlos en los momentos de caída radical.
 ¿Cómo se sigue una prosa así? 
Rebanate los sesos, exprimilos, hacelos trizas, si de todas formas así se encuentra mi cerebro. "Mi corazón está roto, pero tengo pegamento, ayudame a inhalarlo y arreglarlo juntos..." Arreglarme juntos. ¿Arreglarte juntos? Si mal no recordás ese ocaso primaveral (mi estación no tan predilecta) en que la esencia de todos, la de él, la de ella, la de un maniquí, un lente de contacto color del océano, y hasta vos, sí, vos, tu esencia, derramándose con cada paso mal calculado, con cada metro que descendía dentro tuyo.
 Dejame reinsertar esa esencia tan tuya, incrustarla en tus neuronas perdidas y afligidas.
 Dejame sacarte esa máscara que más que teatral, de a poco se transforma en tu verdadero rostro.
 Dejame cambiarlo.
 Dejame desplegar mis alas como telarañas gastadas y volar lejos para cada solsticio volver a tus ojos como centinelas.
 Lo único que no quiero...
Es que me dejes caer.

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Exprimí aquel putrido cerebro tuyo para que revolotee hasta acá tu vasta opinión