domingo, 12 de enero de 2025

De vivir en carne viva y la maldición de la espiral (19/12/24)

Siendo consciente de lo siguiente:
- Un límite no es un desafío
- Una frase, o la ausencia de esta, no es un cuchillo
- Una persona no es un salvavidas, así como tampoco es la personificación de disparadores y ruina
- Una mirada no es una amenaza, un escrutinio de cada expresión verbal o lenguaje corporal
- Una observación no es una forma de humillar
- Una persona que elije irse, en muchos casos, no es un abandono
- Un chiste no es un ataque.
 
Así como también:
- La identidad no son las herencias o las crisis
- El aislamiento no es una fortaleza inexpugnable
- Las circunstancias, así como las personas y el mismo mundo, no son sólo blanco o negro
- La paranoia no es una amiga
- El repititivo y sordo impacto del cráneo contra superficies no es un alivio
- Los pensamientos intrusivos no son la realidad
- La disociación, desrealización y despersonalización no son más que escaleras hacia abajo
- La soledad no es una sentencia de muerte, ni una invitación a convertirla en objetivo. 

Entonces
siquiera como una súplica
sino una mera serie de preguntas retóricas
al cielo mudo que no me mira
si llevo en mí la capacidad de racionalizar eso y más,
 
por qué me empujo a atravesar los límites
sin poder ver claramente qué hay frente a mí
gracias a la sangre abundante de los cuchillos que me arranco cada día
pero siguen apareciendo
y sólo en la periferia
sentir todo lo que me aterroriza respirarme en la nuca
personificado en vínculos, estímulos, ausencias, presencias, retornos, episodios-
 
sé que lo entiendo;
también sé
que aún así
no lo detiene
no me detiene
y seguiré con la tarea de arrastrarme escaleras abajo
sin ver más que blanco, sin ver más que negro
desapareciendo meintras mi poca carne entra en contacto con todo y me muerdo a mí mismo para internalizar un poco más
abrazándome a mis viejos amigos y alivios
intentando cerrar con llave lo que separa un mundo del otro
cerrando los ojos para el inevitable sentir todo lo que puede ser sentido por alguien
en un mismo instante
cada hora
de cada día
 
y esperando en mi mente
en mi celda
que eventualmente uno de los cuchillos más pasivos, de esos que son míos
se vuelva material
y se lleve con él a este niño en carne viva
 
mientras yo nos miro desde afuera
 
vacío, pero agradecido
 
de que no tengamos que gritar nunca más.


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Exprimí aquel putrido cerebro tuyo para que revolotee hasta acá tu vasta opinión